De las millones de preguntas a las cuales no puedo dar respuesta hay una que me resulta especial. Y digo que me parece especial porque es una interrogante que tiene que ver conmigo mismo y que pese a ello no puedo contestar. La gente a menudo tiende a preguntar: -¿por qué escribes?-. Desconozco por completo los motivos reales y, de hecho, no sé si los haya. Decir que lo hago simplemente porque me gusta me parece una respuesta un tanto elemental para un ejercicio que requiere bastante. Su nobleza sólo es equiparable con la peligrosidad que emana de esta actividad, porque sí, aunque muchos no lo crean y lo hagan de manera irresponsable, escribir es una tarea que precisa al menos un dejo de inteligencia. Alguna vez leí por ahí un ensayo de un maestro en el cual decía que las palabras, textuales o verbales, son como dos pistolas cargadas a las que se les debe tener respeto y, por qué no, algo de temor.
Creo firmemente en que dentro de la esencia de cualquier ser humano reside un escritor. No es de extrañarse que uno de los géneros literarios más consumidos y desarrollados hasta la fecha sea la narrativa. Esto se debe, sin duda, a que la mayoría de la gente, (conscientes o inconscientes de ello) son unos narradores natos. Basta con proporcionar un trozo de lienzo y algún artefacto con tinta para que de las manos de cualquier hijo de vecino salgan, emerjan, surjan historias; buenas o malas, eso realmente no importa.
El primer paso hacia la escritura es la lectura. No se puede pretender lanzarse al mar de la creación prosística o poética sin haberse empapado los ojos de algunas obras ajenas. Al tomar un libro, antes de juzgar si es mierda o arte, es prioritario ponerse en los zapatos de quien lo creó. Sumergirnos en su mundo y tratar de captar el mensaje que se trata de enviar.
Es lamentable que haya quienes postulen que las letras se encuentran subordinas a los caprichos de las imágenes. Los Homo Videns han traído a la realidad aquel famoso adagio que sale de la boca de cualquier juez antes de emitir una pena draconiana: “una imagen vale más que mil palabras”. Tendríamos que reflexionar a fondo que tan cierta o fútil es esta afirmación, sin embargo, me atrevo a decir que una imagen sin letras pierde fuerza, esencia, peso, credibilidad, en cambio, el texto sin gráficos es capaz de recrear en la mente del receptor las imágenes más realistas proyectándolas de forma exquisita y dándoles un matiz difícilmente superable.
Tal vez me vea como un reaccionario al oponerme a las tendencias que la globalización ha impuesto a la escritura. Sigo siendo, y muy seguramente lo seré hasta el último de mis días, un viejo lobo que prefiere los formatos estándar. Combinar la tecnología con la lectura no es para mí. Pienso que un monitor es incapaz de emular el deleite que implica el hecho de abrir un nuevo texto, de oler su tinta, revisar milimétricamente la tipografía, pasar la yema de los dedos sintiendo a cada centímetro la rugosidad o lisura del papel, hacer notitas a pie de página o subrayar lo esencial para enamorar mujeres.
Así es, me quedo a vivir felizmente en la galaxia Gutenberg renunciando, al menos en esto, al mundo Lumiere que si bien nos ha regalado exquisiteces como el cine o ambrosias estético-visuales con el impresionismo de Monet y otros más, definitivamente no encaja con la letra. Amén.
“Buenas Noches, Buena Suerte”
Creo firmemente en que dentro de la esencia de cualquier ser humano reside un escritor. No es de extrañarse que uno de los géneros literarios más consumidos y desarrollados hasta la fecha sea la narrativa. Esto se debe, sin duda, a que la mayoría de la gente, (conscientes o inconscientes de ello) son unos narradores natos. Basta con proporcionar un trozo de lienzo y algún artefacto con tinta para que de las manos de cualquier hijo de vecino salgan, emerjan, surjan historias; buenas o malas, eso realmente no importa.
El primer paso hacia la escritura es la lectura. No se puede pretender lanzarse al mar de la creación prosística o poética sin haberse empapado los ojos de algunas obras ajenas. Al tomar un libro, antes de juzgar si es mierda o arte, es prioritario ponerse en los zapatos de quien lo creó. Sumergirnos en su mundo y tratar de captar el mensaje que se trata de enviar.
Es lamentable que haya quienes postulen que las letras se encuentran subordinas a los caprichos de las imágenes. Los Homo Videns han traído a la realidad aquel famoso adagio que sale de la boca de cualquier juez antes de emitir una pena draconiana: “una imagen vale más que mil palabras”. Tendríamos que reflexionar a fondo que tan cierta o fútil es esta afirmación, sin embargo, me atrevo a decir que una imagen sin letras pierde fuerza, esencia, peso, credibilidad, en cambio, el texto sin gráficos es capaz de recrear en la mente del receptor las imágenes más realistas proyectándolas de forma exquisita y dándoles un matiz difícilmente superable.
Tal vez me vea como un reaccionario al oponerme a las tendencias que la globalización ha impuesto a la escritura. Sigo siendo, y muy seguramente lo seré hasta el último de mis días, un viejo lobo que prefiere los formatos estándar. Combinar la tecnología con la lectura no es para mí. Pienso que un monitor es incapaz de emular el deleite que implica el hecho de abrir un nuevo texto, de oler su tinta, revisar milimétricamente la tipografía, pasar la yema de los dedos sintiendo a cada centímetro la rugosidad o lisura del papel, hacer notitas a pie de página o subrayar lo esencial para enamorar mujeres.
Así es, me quedo a vivir felizmente en la galaxia Gutenberg renunciando, al menos en esto, al mundo Lumiere que si bien nos ha regalado exquisiteces como el cine o ambrosias estético-visuales con el impresionismo de Monet y otros más, definitivamente no encaja con la letra. Amén.
“Buenas Noches, Buena Suerte”

4 mentadas.:
Personalmente, pienso que para escribir solo hace falta un poquito de educación elemental y tener algo que decir.
El problemas es que eso ha fomentado la aparición de mucha basura, desde el conocidísimo Carlos Cuauhtémoc Sánchez hasta otros menos conocidos pero igual de mierdas.
Creo que una de nuestras libertades mayores (y no gracias al gobierno) es la de imprenta. Disfrutémosla, y elijamos lo que queremos leer sin atenernos a recomendaciones absurdas de modas y estilos.
Coincido con Kyuuketsuki. Para escribir sólo es necesario alfabetizarse y tener algo que decir.
Yo agregaría que hay muchos blogs que muestran cómo mucha gente expresa innumerables ideas, algunas con perfecta ortografía y otras con unas faltas garrafales; unas con un estilo impecable y otras que dan vergüenza. Pero incluso entre las que no tienen un estilo muy bueno, ni una ortografía inmaculada, hay quienes expresan ideas interesantes. El mismo Gabriel García Márquez acepta que su ortografía es malísima.
Yo agradezco a cualquiera que emita un mensaje que me comunique algo interesante, aunque no lo haga con maestría. Obviamente, sí prefiero que escriba bien, de acuerdo con reglas ortográficas y gramaticales, pero muchas veces eso no es posible por miles de razones.
Yo confieso que comence a leer demasiado tarde, pero de la misma manera me he visto atrapado en las maravillas redes de la literatura, en todos sus ambitos, y en un momento de mi vida, decidi devolverle (aunque sean nimiedades) un poco a ese mundo que son las letras, que si bien no seré lo máximo, al menos sé que soy sincero conmigo mismo antes de para los demás...tengo algo que decir, porque he vivido, porque tengo sentimientos, y porque tengo una cierta inteligencia que me permite opinar sin miedo, plasmar mis sentimientos con una serie de palabras conectadas con mi alma.
Excelente post...lamentablemente, la fabrica de sueños estará paralizada al menos un mes debido a obligaciones profesionales, y para evitar faltarme al respeto con lo que ya he escrito. No quiero perder esa honestidad.
Saludos mi estimado Don!...Y el cantinazo para cuando?
Tan fundamental ha sido la escritura en el mundo, que dividió a la historia de la pre-historia.
Y efectivamente, mil veces un libro que nos acompañe a todos lados..... si viene con dedicatoria, mucho mejor ;)
Abrazos Ragazzo!
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